UN CRIMEN QUE CONMOCIONÓ A LA COMUNIDAD CRISTIANA

El miércoles 7 de octubre de 2026, la ciudad colombiana de Cartagena de Indias fue escenario de un nuevo hecho de violencia que provocó profundo dolor entre familiares, amigos e integrantes de distintas comunidades evangélicas.

Jesús Alberto Puerta Pérez, de 29 años, fue asesinado mientras se desplazaba en su motocicleta por una vía que comunica el barrio El Pozón con la vereda de Tierrabaja, en el departamento de Bolívar.

La víctima era conocida por su pasado como pastor y por su compromiso con la predicación del Evangelio, especialmente entre personas que atravesaban situaciones de vulnerabilidad social.

Además de su servicio cristiano, trabajaba como mototaxista, una actividad mediante la cual obtenía los ingresos necesarios para el sostenimiento de su hogar.

Su fallecimiento generó numerosas expresiones de tristeza y solidaridad. La iglesia cristiana La Antorcha Encendida, congregación con la que había mantenido una estrecha relación, compartió un homenaje recordando diferentes momentos de su vida y servicio a Dios.

UNA VIDA DEDICADA A COMPARTIR EL EVANGELIO

Durante varios años, Jesús Alberto y su esposa desarrollaron tareas misioneras en comunidades donde las dificultades económicas, la violencia y la presencia de organizaciones criminales formaban parte de la realidad cotidiana.

Su trabajo espiritual estuvo especialmente orientado a personas en situación de calle y a integrantes de grupos delictivos, con quienes buscaba establecer vínculos para transmitirles un mensaje de arrepentimiento, perdón y transformación mediante Jesucristo.

La pareja había colaborado en el establecimiento de una congregación en María La Baja, localidad situada aproximadamente a 70 kilómetros al sur de Cartagena, dentro de la región de los Montes de María.

Este territorio ha atravesado durante décadas graves problemas de seguridad relacionados con la presencia de organizaciones armadas, el desplazamiento forzado de familias y las disputas por el control de diferentes zonas.

Según información recogida por organizaciones que trabajan en defensa de la libertad religiosa, el matrimonio debió abandonar aquella comunidad en diciembre de 2025 después de recibir amenazas relacionadas con sus actividades de predicación.

Tras trasladarse a Cartagena, Puerta Pérez continuó vinculado con la evangelización, aunque ya no ejercía formalmente el pastorado.

Su historia refleja la realidad de numerosos creyentes que desarrollan tareas de acompañamiento espiritual en comunidades donde anunciar el Evangelio puede implicar importantes riesgos personales.

UNA MOTOCICLETA EN EL CENTRO DE LAS VERSIONES SOBRE EL CRIMEN

Una de las hipótesis difundidas por organizaciones cristianas internacionales señala que el asesinato podría estar relacionado con la negativa de Puerta Pérez a facilitar su motocicleta a personas vinculadas con actividades criminales.

Según testimonios recogidos por estas organizaciones, el predicador habría permitido anteriormente que algunas de las personas con quienes compartía el Evangelio utilizaran su vehículo.

Sin embargo, después de recibir advertencias sobre un posible uso de la motocicleta para transportar sustancias ilegales o cometer otros delitos, habría decidido no volver a prestarla.

Estos testimonios sostienen que aquella negativa pudo provocar una reacción violenta.

No obstante, existen diferencias entre esta versión y los primeros informes publicados por medios locales colombianos, que describieron un ataque armado cometido por personas que se desplazaban en otra motocicleta.

Por este motivo, las circunstancias precisas del homicidio, la identidad de sus responsables y los motivos que originaron el ataque requieren esclarecimiento judicial.

La investigación deberá determinar qué ocurrió realmente y establecer las responsabilidades correspondientes.

EL DOLOR DE UNA FAMILIA QUE ESPERABA SU REGRESO

Detrás de esta noticia se encuentra una familia que perdió inesperadamente a uno de sus seres queridos.

El día del asesinato, Jesús Alberto había comenzado su jornada de trabajo como lo hacía habitualmente.

Por la mañana llevó a su esposa hasta un centro médico de Cartagena y ambos acordaron reencontrarse cerca del mediodía.

Sin embargo, cuando llegó la hora prevista, el hombre no apareció.

Su esposa intentó comunicarse telefónicamente, pero no obtuvo respuesta. La preocupación aumentó cuando comenzaron a circular publicaciones en redes sociales sobre un homicidio ocurrido en la zona por donde acostumbraba desplazarse.

La identificación de la motocicleta permitió relacionar aquellas informaciones con su esposo.

Posteriormente se confirmó la tragedia.

En declaraciones a la prensa colombiana, la mujer recordó a Jesús Alberto como una persona trabajadora y aseguró que desconocía que tuviera problemas recientes que pudieran explicar lo sucedido.

Los informes periodísticos coinciden en que dejó a su esposa e hijos, aunque difieren sobre la cantidad de menores que integran la familia.

La comunidad cristiana ha expresado su acompañamiento a los seres queridos del predicador, que ahora enfrentan el dolor de su ausencia y las dificultades que implica continuar adelante después de una pérdida tan inesperada.

PREOCUPACIÓN POR LA SEGURIDAD DE LOS LÍDERES RELIGIOSOS

El asesinato de Puerta Pérez también reavivó la preocupación por la seguridad de los pastores, misioneros y líderes comunitarios que desarrollan actividades en regiones colombianas afectadas por organizaciones criminales.

La entidad internacional Christian Solidarity Worldwide, dedicada a la defensa de la libertad de religión y de conciencia, manifestó su solidaridad con la familia y solicitó a las autoridades una investigación completa y transparente.

La organización también expresó su preocupación por las amenazas que enfrentan diferentes comunidades religiosas y por la necesidad de fortalecer las medidas de protección destinadas a sus líderes.

En distintas regiones de Colombia, iglesias y organizaciones cristianas realizan tareas de asistencia a familias desplazadas, acompañamiento a personas con problemas de adicciones, ayuda alimentaria y evangelización en sectores donde la inseguridad representa un desafío permanente.

Cuando estas actividades se desarrollan en territorios controlados o disputados por grupos criminales, quienes intentan promover cambios en la vida de sus habitantes pueden quedar expuestos a amenazas y situaciones peligrosas.

Por esta razón, el caso de Jesús Alberto no solamente ha generado tristeza, sino también un renovado pedido de justicia y garantías para quienes trabajan al servicio de sus comunidades.

LA IGLESIA RECUERDA SU TESTIMONIO DE FE

La congregación La Antorcha Encendida compartió un homenaje audiovisual en memoria del predicador, recordando diferentes momentos de su trayectoria cristiana.

El mensaje de la comunidad estuvo acompañado por palabras de confianza en Dios y fortaleza para su familia.

Para quienes conocieron su trabajo espiritual, su historia está relacionada con el deseo de acercar el mensaje de Jesucristo a personas que muchas veces son rechazadas o marginadas por la sociedad.

El Evangelio enseña que ninguna vida está fuera del alcance de la misericordia de Dios y que el arrepentimiento abre el camino a una transformación verdadera.

El ministerio cristiano en estos contextos requiere amor, perseverancia y discernimiento, pero también medidas de seguridad que protejan la vida de quienes desarrollan estas tareas.

La muerte violenta de un predicador no debe convertirse únicamente en una noticia pasajera. Debe impulsar a reflexionar sobre la necesidad de acompañar a las familias afectadas, promover la justicia y fortalecer la protección de las comunidades que trabajan en territorios vulnerables.

REFLEXIÓN FINAL: ANUNCIAR EL EVANGELIO EN MEDIO DE LA OSCURIDAD

La Palabra de Dios nos recuerda en Mateo 5:9:

«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios». (RVR1960)

La historia de Jesús Alberto Puerta Pérez nos invita a reflexionar sobre el valor de llevar el mensaje de Jesucristo a quienes viven rodeados de violencia, desesperanza y sufrimiento.

Predicar el Evangelio significa anunciar que en Cristo existe perdón, salvación y la posibilidad de comenzar una nueva vida.

Pero también implica recordar que ninguna misión justifica la violencia y que toda persona merece vivir con dignidad y seguridad.

Hoy, mientras una familia llora la pérdida de un esposo y padre, la Iglesia está llamada a acompañarla mediante la oración, la solidaridad y el amor fraternal.

Oramos para que las autoridades puedan esclarecer este crimen, para que sus responsables respondan ante la justicia y para que las comunidades afectadas por la violencia encuentren caminos de paz.

Porque la verdadera luz de Jesucristo no se manifiesta mediante la violencia, sino a través de la verdad, la justicia, la misericordia y el amor que transforma corazones.

Que esta noticia también nos recuerde a los hombres y mujeres que, muchas veces lejos de las cámaras y del reconocimiento público, continúan anunciando el Evangelio en lugares donde la esperanza parece haberse apagado.

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