“Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.” — Marcos 2:5

En cierta ocasión, cuatro hombres llevaron a un paralítico hasta Jesús. No podían sanar su cuerpo ni perdonar sus pecados, pero sí podían hacer algo muy importante: acercarlo al Señor.

Como había mucha gente, no podían entrar por la puerta. Sin embargo, su fe los llevó a buscar una solución. Subieron al techo, abrieron un hueco y, con esfuerzo y determinación, descendieron al paralítico delante de Jesús.

Al ver la fe de ellos, Jesús no solo sanó al paralítico, sino que primero le dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5). Aquellos hombres trajeron a su amigo a una verdadera transformación.

Hoy también podemos ser instrumentos de bendición. Puede haber personas a nuestro alrededor que están heridas, paralizadas por el dolor, la culpa o las circunstancias difíciles. Tal vez no podamos resolver todos sus problemas, pero sí podemos llevarlos delante de Jesús a través de nuestras oraciones, nuestro acompañamiento y nuestro testimonio.

Dios nos invita a tener una fe que no solo busca su propio milagro, sino que también se preocupa por llevar a otros a la presencia de Cristo.

La fe que obra en comunidad, que se mueve por amor, que no se rinde ante los obstáculos, es una fe que agrada a Dios y que puede tocar el corazón de muchas vidas.

Hoy es un buen momento para pensar en quiénes necesitan ser llevados en oración delante de Jesús. Así como esos cuatro hombres, podemos ser parte de la historia de alguien que encuentra esperanza en el Señor.

¿A quién estoy llevando hoy delante de Jesús mediante mis oraciones?

NO PODÉS HACER EL MILAGRO, PERO PODÉS LLEVAR A ALGUIEN DELANTE DE AQUEL QUE SÍ PUEDE.

UNA LUZ EN LA OSCURIDAD. Iluminando vidas con la verdad de Cristo.

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