Una simple petición a un chatbot de inteligencia artificial desató un intenso debate mundial. Un usuario compartió en redes sociales una ilustración con numerosas divinidades de distintas culturas y le pidió a Grok, la IA de xAI, que eliminara los “dioses falsos” de la imagen. El resultado sorprendió a muchos: el sistema borró a todas las figuras y dejó únicamente a Jesús.

La imagen se hizo viral y generó miles de reacciones, tanto de creyentes como de no creyentes, que debatieron sobre el sentido de la respuesta, la objetividad de la IA y los límites de su uso en temas religiosos.

Ante nuevas preguntas, el chatbot explicó que Jesús “no calificaba” como un dios falso según los criterios del pedido, y que su decisión se basaba en el testimonio histórico y en la tradición cristiana, mientras que las demás figuras eran consideradas deidades de otras religiones y mitologías.

Según sus explicaciones posteriores, el sistema se apoyó en registros históricos sobre la vida de Jesús y en la influencia del cristianismo a lo largo de los siglos, en contraste con el carácter mitológico o no histórico atribuido a las otras deidades de la imagen.

El episodio reavivó la discusión sobre si las inteligencias artificiales deben responder de forma tan directa a preguntas de carácter religioso. Algunos lo vieron como un reconocimiento de la figura única de Jesús en la historia; otros lo interpretaron como un ejemplo de sesgo o de los límites de la propia tecnología.

El 3 de octubre, Sam Altman advirtió sobre el peligro de dar a los sistemas de IA una autoridad espiritual o un rol de discernimiento moral, señalando que se trata de un tema serio de seguridad para la sociedad. Un algoritmo puede analizar textos, datos históricos y tradiciones, pero no posee fe, ni una conciencia espiritual, ni puede reemplazar el juicio moral de las personas.

Una IA puede hablar de Jesús; la fe y el discernimiento siguen siendo humanos.

Para los cristianos, la verdad del Evangelio no depende de lo que afirme un algoritmo.

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” — 1 Timoteo 2:5

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