Antes de los libros, antes de los alfabetos y antes de que el hombre pudiera dejar sus pensamientos escritos sobre una superficie, ya existía la palabra. Pero la Biblia nos lleva todavía más atrás: antes de toda palabra humana, Dios habló. Y cuando Dios habló, la creación respondió.
La historia de la humanidad también puede contarse a través de la comunicación. Muchísimo antes de que existieran libros, tinta, papel o alfabetos, los seres humanos ya necesitaban comunicarse. Gestos, expresiones, sonidos y, finalmente, un lenguaje cada vez más complejo hicieron posible transmitir advertencias, conocimientos, experiencias y enseñanzas de una generación a otra.
La ciencia no puede establecer con exactitud cuándo comenzó el lenguaje hablado, porque las palabras no dejan fósiles. Sin embargo, sabemos que durante miles de años la humanidad transmitió conocimientos fundamentalmente de manera oral.
Mucho después apareció otra revolución: la palabra pudo quedar escrita.
Las primeras formas de escritura propiamente dichas se desarrollaron en el sur de Mesopotamia aproximadamente hacia el 3300 a.C. Allí comenzaron a utilizarse signos sobre tablillas de arcilla para registrar productos, cantidades y operaciones.
Antes de que el hombre escribiera, Dios habló
El primer capítulo de la Biblia no comienza con un hombre hablando. Comienza con Dios hablando.
«Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.»
Génesis 1:3
La Palabra de Dios no aparece en las Escrituras solamente como una forma de comunicación. Aparece vinculada desde el principio con vida, creación, autoridad y poder.
«Con su sola palabra Dios hizo los cielos, el sol, la luna y las estrellas.»
Salmos 33:6 TLA
Dios habló y apareció la luz. Dios habló y la creación tomó forma. Dios habló y aquello que no existía comenzó a existir.
La Biblia presenta, entonces, algo mucho más profundo que la historia de un libro: presenta la historia de un Dios que quiso comunicarse con Su creación.
Y siglos después, el Evangelio de Juan lleva esta revelación todavía más lejos cuando presenta a Jesucristo como el Verbo, la Palabra.
«Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.»
Juan 1:3
La Palabra no solamente transmite un mensaje de Dios. La Palabra nos conduce a Cristo.
De la palabra hablada a la palabra escrita
A través de la historia bíblica, Dios habló a hombres y mujeres, llamó a profetas, levantó mensajeros y comunicó Su voluntad. Pero Dios también quiso que aquello que estaba comunicando fuera escrito y preservado.
Encontramos un ejemplo precioso cuando el Señor le responde al profeta Habacuc:
«Voy a darte a conocer lo que está por suceder. Escríbelo en unas tablas, para que se lea de corrido.»
Habacuc 2:2 TLA
La voz se convirtió en escritura. Lo recibido debía quedar registrado. Ya no sería solamente una palabra escuchada por una persona en un determinado momento. Podría ser leída por otros. Y por otros después de ellos. Y por generaciones que todavía no habían nacido.
Profetas escucharon y escribieron. Apóstoles vieron, escucharon y escribieron. Testimonios, promesas, advertencias, genealogías, cartas, profecías, enseñanzas y acontecimientos fueron preservados hasta conformar aquello que hoy conocemos como la Biblia.
«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.»
2 Timoteo 3:16
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