Cuando Jesús leyó en la sinagoga de Nazaret las palabras del profeta Isaías, anunció que las promesas de Dios se estaban cumpliendo delante del pueblo. Había venido a traer buenas noticias, sanar a los quebrantados de corazón, proclamar libertad y abrir un tiempo de gracia.
Pero su misión iba mucho más allá de realizar hechos extraordinarios. Cada milagro revelaba algo de su identidad, su autoridad y su misericordia. Sus obras no eran solamente demostraciones de poder, sino señales del Reino de Dios y del corazón del Padre.
En esta enseñanza contemplamos a Jesús como Aquel que perdona, restaura, levanta y manifiesta autoridad sobre la creación. Sus milagros nos invitan no solo a admirarlo, sino a conocerlo verdaderamente como Señor y Salvador.
Sus milagros manifestaron su poder; su compasión reveló su corazón.
LA PALABRA
«Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.» — Lucas 4:21
VERDAD PARA HOY
Jesús no vino solamente a sanar enfermedades o resolver problemas temporales. Vino a reconciliarnos con el Padre, a perdonar nuestros pecados y a ofrecernos salvación. Los milagros fueron señales maravillosas del Reino, pero su obra mayor alcanzó su plenitud en la cruz y en la resurrección.
El mayor regalo de Cristo no es una vida sin dificultades, sino una vida nueva en comunión con Dios. Él es el Hijo de Dios, el Mesías prometido, nuestro Señor y Salvador.
Porque sus milagros manifestaron su poder, su compasión reveló su corazón, y su muerte y resurrección nos abrieron el camino de la salvación.
¿QUÉ NOS REVELAN SUS MILAGROS?
1. El siervo del centurión. La fe verdadera confía en la autoridad de su Palabra.
2. El paralítico. Jesús tiene poder para perdonar pecados y levantar al caído.
3. La mano seca. La misericordia de Dios está por encima de la dureza religiosa.
4. El hijo de la viuda de Naín. Cristo se compadece del dolor y devuelve esperanza.
5. La tempestad calmada. Aun en medio de la tormenta, Jesús sigue teniendo el control.
Jesús no vino solo a impresionar con su poder: vino a salvar.
EL HIJO DE DIOS ENTRÓ EN NUESTRA HISTORIA
El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. — Juan 1:14
Esta enseñanza está basada en el programa UNA LUZ EN LA OSCURIDAD.


