La ciudad de Nueva York avanza con un plan para destinar aproximadamente US$8,9 millones a organizaciones que brinden atención de afirmación de género a pacientes menores de 18 años. El programa contempla, cuando sean considerados médicamente indicados, bloqueadores de la pubertad y tratamientos hormonales realizados bajo las normas vigentes del estado.
La iniciativa se desarrolla en medio de una fuerte discusión médica, jurídica, política y ética. Mientras sus defensores la presentan como parte del acceso a la salud, sus críticos cuestionan los criterios de edad, la evidencia a largo plazo y el alcance de determinadas intervenciones.


