La noche del 3 de octubre de 2026, Jerusalén recibió a creyentes provenientes de numerosos puntos del planeta para una jornada de adoración y oración en uno de los lugares más emblemáticos de la Ciudad Vieja: la Torre de David, ubicada junto a la Puerta de Jaffa.

Distintas coberturas posteriores al encuentro señalaron que hubo representación de 59 países, mientras que músicos y cantores procedentes de 49 naciones participaron de la programación. Paralelamente, la delegación internacional organizada por Eagles’ Wings que acompañó las actividades de esos días estuvo integrada por más de 550 líderes cristianos provenientes de 51 naciones. Se trata de cifras correspondientes a distintos componentes de una misma convocatoria internacional.

Jerusalén escuchó alabanzas en diferentes idiomas

El encuentro, denominado Awake Jerusalem, reunió sobre un mismo escenario a músicos, líderes cristianos y creyentes de culturas muy diferentes.

La diversidad fue una de las características centrales de la jornada. Personas provenientes de África, América, Europa, Asia y otras regiones participaron de momentos de música y oración, convirtiendo a la antigua fortaleza de Jerusalén en un espacio donde podían escucharse diferentes idiomas, estilos musicales y expresiones de fe.

Entre los artistas anunciados estuvieron Paul Wilbur, Nate Diaz, Jesse Alcântara, Isaque Valadão, Daps Gwom, Israel Portnoy, Greatman Takit y otros músicos internacionales. La celebración fue transmitida también para audiencias fuera de Israel.

La presencia latinoamericana también se hizo visible. Representantes brasileños participaron de la programación y llevaron al encuentro expresiones musicales propias de su país. Entre ellos estuvieron Jesse Alcântara e Isaque Valadão, mientras que una de las presentaciones incluyó la canción As Estações, vinculada a Dunamis Music.

Oración, música y el sonido de los shofares

La reunión no se limitó a un concierto.

La noche comenzó con el Shema, una de las oraciones fundamentales de la tradición judía, y posteriormente continuó con música cristiana, momentos de intercesión y expresiones públicas de solidaridad y oración.

En otro momento especialmente simbólico, integrantes de la delegación internacional hicieron sonar shofares juntos dentro del histórico escenario de Jerusalén. El sonido de estos instrumentos, profundamente relacionado con la tradición bíblica, acompañó un tiempo colectivo de oración.

También se realizó la Bendición Sacerdotal de Números 6:24-26 en hebreo, uniendo a participantes procedentes de diferentes lugares alrededor de uno de los textos bíblicos más conocidos:

“El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti…”

La escena reflejó precisamente uno de los aspectos que los organizadores quisieron destacar: personas con idiomas, historias nacionales y culturas diferentes compartiendo un mismo espacio de adoración.

Un encuentro realizado en un lugar cargado de historia

La elección de la Torre de David tuvo un fuerte componente simbólico.

Ubicada junto a uno de los principales accesos a la Ciudad Vieja, la fortaleza domina desde hace siglos parte del paisaje de Jerusalén. Allí se desarrolló durante aproximadamente dos horas y media una celebración donde la música ocupó un lugar central.

Para los organizadores, la relación entre Jerusalén, el rey David, los Salmos y la adoración aportó un significado particular al encuentro. David ocupa en la tradición bíblica no solamente el lugar de rey y guerrero, sino también el de poeta y músico asociado a numerosos salmos que continúan siendo utilizados por creyentes miles de años después.

Más de 550 líderes llegaron a Israel

Awake Jerusalem fue además una de las actividades principales de un programa internacional de aproximadamente diez días organizado por Eagles’ Wings, organización encabezada por el obispo Robert Stearns.

Más de 550 líderes cristianos de 51 naciones llegaron a Israel durante el período de Sucot. La agenda incluyó encuentros, recorridos por lugares históricos y contactos con diferentes sectores de la sociedad israelí.

El programa coincidió además con los días previos al tercer aniversario de los ataques del 7 de octubre de 2023, por lo que parte de las actividades estuvo relacionada con conocer testimonios y experiencias surgidas a partir de aquellos acontecimientos.

El evento de la Torre de David se transformó así en la expresión pública y musical de una convocatoria internacional mucho más amplia.

Una imagen poco habitual en un mundo dividido

Más allá de las estadísticas, uno de los aspectos más llamativos de la jornada fue la imagen que dejó.

Personas provenientes de decenas de países —muchas de ellas separadas por miles de kilómetros, idiomas distintos y realidades culturales completamente diferentes— terminaron compartiendo canciones y oraciones dentro del mismo lugar.

Mientras buena parte de las noticias internacionales continúa marcada por guerras, tensiones sociales, diferencias políticas y enfrentamientos entre pueblos, en Jerusalén ocurrió durante algunas horas una escena muy distinta: personas de numerosas naciones reunidas voluntariamente alrededor de una expresión común de fe.

No desaparecieron por ello las diferencias culturales, políticas o incluso teológicas existentes entre los participantes. Sin embargo, durante la celebración esas diferencias convivieron con algo que los organizadores buscaron colocar en primer plano: la oración y la adoración compartidas.

Diferentes lenguas, un mismo nombre

Para quienes participaron, el centro espiritual del encuentro estuvo puesto en Jesús.

La música cambió de idioma. Los acentos fueron diferentes. También cambiaban las banderas, las historias personales y los lugares de procedencia.

Pero la imagen que atravesó toda la jornada fue la de creyentes provenientes de distintas partes del mundo levantando juntos sus voces.

En una época donde tantas fronteras parecen separar, Jerusalén volvió a convertirse por una noche en punto de encuentro.

59 países. Diferentes culturas. Diferentes idiomas. Una misma intención: adorar, orar y pedir por las naciones.

Y desde uno de los lugares más históricos de la Ciudad Vieja quedó resonando una escena que difícilmente pase inadvertida: cristianos de numerosos rincones del planeta reunidos alrededor del nombre de Jesús y clamando por paz y esperanza para un mundo profundamente necesitado de ambas.

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